martes, 7 de julio de 2009

Gusto, Gust (Octavio Paz)

"Para Duchamp el buen gusto no es menos nocivo que el malo. Todos sabemos que no hay diferencia esencial entre uno y otro - el mal gusto de ayer es el buen gusto de hoy - pero, ¿qué es el gusto? Lo que llamamos bonito, hermoso, feo, estupendo o maravilloso sin que sepamos a ciencia cierta su razón de ser: la factura, la manera, el olor - la marca de fábrica. Los primitivos no tienen gusto sino instinto y tradición, es decir: repiten casi instintivamente ciertos arquetipos. El gusto nace, probablemente, con las primeras ciudades, el Estado y la división de clases. En el occidente moderno se inicia en el Renacimiento, pero no tiene conciencia de sí mismo sino hasta el periodo barroco. En el siglo XVIII fue la nota de distinción de los cortesanos y más tarde, en el siglo XIX, la marca de los advenedizos. Hoy, extinto el arte popular, tiende a propagarse entre las masas. Su nacimiento coincide con la desaparición del arte religioso y su crecimiento supremacía se deben, más que nada, al mercado libre de objetos artísticos y a la revolución burguesa. (Un fenómeno semejante, aunque no idéntico se advierte en ciertas épocas de la historia de China y Japón). "Sobre gustos no hay nada escrito", dice el proverbio español. En efecto, el gusto rehuye el examen y el juicio: es un asunto de catadores. Es una noción epidérmica del arte, en el sentido sensual y en el social: un cosquilleo y un signo de distinción. Por lo primero reduce al arte a la sensación: Por lo segundo, introduce una jerarquía social fundada en una realidad tan misteriosa y arbitraria como la pureza de la sangre o el color de la piel. El proceso se acentúa en nuestros días: desde el impresionismo la pintura se ha convertido en materia, color, dibujo, textura, sensibilidad, sensualidad - la idea reducida a tubo de pintura y la contemplación a la sensación."

sobre el READY MADE:
Duchamp: "El gran problema era el acto de escoger. Tenía que elegir un objeto sin que este me impresionase y sin la menor intervención dentro de lo posible, de cualquier idea o propósito de delectación estética. Era necesario reducir mi gusto personal a cero. Es difícil escoger un objeto que no nos interese absolutamente y no sólo el día que lo elegimos sino para siempre y que, en fin, no tenga la posibilidad de volverse algo hermoso, bonito, agradable o feo."

Octavio Paz: La apariencia desnuda. (Sobre la obra de Marcel Duchamp). Alianza Forma. (p. 33 - 34).

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