El culto al individuo y a la personalidad al que son sometidos pintores y poetas y que ellos mismos, según sus particulares dotes, todavía incrementan con su charlatanería, no es más que una invención del mercado del arte. Porque cuanto mas genial la personalidad, mayores serán los beneficios.
¿Cómo consigue el artista, en la actualidad, adquirir prestigio entre la burguesía? Mediante el fraude. Comenzando por lo general a partir de una existencia proletaria, malviviendo en un inmundo estudio, pero provisto de una inconsciente y admirable capacidad de adaptación para escalar puestos hacia "arriba", pronto logra encontrar algún influyente cacique que le "hace", es decir, que le allana el camino en el mercado de capitales. De vez en cuando cruza este camino un mecenas que se digna concederle una cantidad mensual a cambio de robarle todo cuanto produce, o bien queda a merced de un marchante capaz de despertar en el coleccionista burgués deseos de comprar lo que sea. (... ) Es el consabido culto a la estrella. Así lo exige el sistema, y el negocio sigue floreciendo."
Georg Grosz: “En lugar de una biografía”. 1925.
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